
Tiempo para mirar el cielo y contar aviones.
Ratejos para la garganta, las manos y los ojos.
Momentos de vaivén, vencidos por la bruma
o el vendaval masoquista del alma borracha.
Horas saltimbanquis de un sitio para otro.
Minuticos para el uno mismo y contigo.
Nanómetros de segundo para nosotros solos,
dos locos inconscientes de lo que cuesta el tiempo.
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