Mostrando entradas con la etiqueta Narrativa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Narrativa. Mostrar todas las entradas

21 agosto 2012


CAMBIAREMOS el mundo - le dijo ella - con una maleta y un revólver de fogeo. Sólo necesitamos tenernos el uno al otro y revolucionaremos las mentes y amansaremos las almas. 
Revolucionaremos el universo - le dijo él - si conseguimos amar cada gramo de lo que nos rodea. Preparemos el equipaje, que la revolución aún nos pilla lejos. Tenemos suelas, tenemos agua, nos tenemos el uno al otro.

23 enero 2012


Senderos de tierra roja, amarilla y negra, como el carbón usado en las lumbres. A la orilla del camino; pinos, musgo e insectos batallando con las bellotas. Búhos duermen y lobos acechan. Hace frío y la niebla, blanda y espumosa, se hace fuerte en las cumbres. La ruidosa brisa ronzándose con la resina. Caminos de herradura que arañan montañas y terminan en refugios ocultos por la maleza. Aposentos de pastores y atalayas naturales que el tiempo y la erosión hicieron a su antojo. Lugares para los sudores fríos, si la fiebre es el culmen de trece días de tormenta. O sitios para la risa tonta. Trochas de cabras que serpentean montes, cuevas ganadas a la piedra, costillares esperando a la carroña, desvencijados acueductos que ya sólo transportan aire. Energúmenos pedruscos que como migas se extraviaron de su pan; una hogaza gigante de millones de toneladas de caliza moldeada por el agua y los vientos. La Sierra calcárea habitada desde el calcolítico. Un pliegue simbólico y místico de la gran tela que cubre el planeta. Nuestra ropa hogareña que nos abriga del fuego, que bajo nuestros pies, ruge.

03 enero 2012



07 diciembre 2011


Donde estoy, estorba el mal y no crece odio en la vegetación, el miedo está en desuso y la soledad es una bestia desaparecida. Aquí, a donde voy, van y vienen las veloces lanzas de la felicidad y yo no quiero esquivar ninguna. Acá se va desnudo y con el pecho abierto a las dagas dulces de la alegría. Aquí no importa salir herido, porque aquí la sal no escuece, ni las lágrimas hinchan párpados hasta reventar. Que va, aquí no hay nada malo. Todo es bueno como el pan, todo tan bueno como el cielo limpio de la noche después de todo el día lloviendo. Aquí donde estoy, tú no estás y por eso es tan buen sitio.
(...)

12 noviembre 2011


Mientras los grajos grajean eligiendo el cielo al que batir. Mientras las nubes van y se quiebran y no cuajan, cuando el temporal arrecia y amanecen miedos sucios tras las montañas. Cuando los jazmines no se enteran y el yerbajo se bandea sin son. Momentos de tensión disimulada por la avanzadilla del viento silencioso. Porque las cosas pasan cuando menos te las esperas. Y tú no paras de esperar. Tranquilo, que ya llueve. Água y lágrimas de santas chulas y santos puteros que en el cielo andan de farra, aferrados todos a las birra. Llueve wisky rancio de la juerga, jarrea vodka del alambique del infierno. El cielo es una buena tasca de trastornos y copas rotas en los cirros. Ves, llueve, ahora que los grajos se asustaron del cielo y tú estás sólo sin gasolina, en medio de la noche (...)

31 octubre 2011


Viejas soluciones para problemas nuevos. Ante temblequeras nuevas, viejos remedios caseros. El puchero y la lumbre, un buen brevaje al baño maría y lavanda del camino para dar aroma al mal espíritu espirituoso. Sanar es cuestión de pulso con las medidas y afinar la dosis del medicamento. Tan sencillo como hacerse a uno mismo el alambique y obtener el grado justo de agallas (...)

16 julio 2011


La vida era una ruina hasta que llegaste. El subsistir granuja muy lejos de las jaulas, una vida libre y peligrosa. Como estar dormido y jabonosos los sueños. La noche lluviosa y el bosque inhóspito, las linternas inservibles, el fuego inaudito, el cuerpo, a las puertas, de la hipotermia. Una ciudad oscura y nevada, intransitable, donde nunca hubo trueque y los tratos se deshacían sin mediar palabra.

13 junio 2011

... más pronto que tarde ...


"Cómo olvidar aquella calle llena de niños que no conocían la pereza y lo corrían todo, las puertas de los puticlubs, los parques, los soportales, las dársenas de la vieja estación, todo lo andaban y en todo metían el hocico, no puedo olvidar el afán que tuvieron siempre en saberlo todo, porque aquellos chiquillos fueron nuestros maestros. Tan criaturos y tan sanguinarios. Vaya cosa, inocencia junto a una pequeña navaja. Es un curioso aparejo, la niñez y pegamento de barra".

Fragmento de la novela que tengo entre manos y a todas horas en la cabeza

22 enero 2009

LEA USTED SU CONDENA

Apartados de la purga,
por allí quedan los salvados, los dignos de galardón y palmadita en la espalda, aquellos que son afines a sus dogmas y como ellos van vestidos y portan la misma calaña al andar, el caminar que solo tiene quien con su pulgar puede enviar al resto a la putrefacción lenta en una cuneta bajo un olivo, de un tiro de fusil sucio de oveja o de hostias con un martillo para no gastar balas o simplemente solos en la deshidratación de la insolvencia. Por aquí, como digo, estamos los futuros fusilados. A saber: una señora arrugada ya y viuda, dos que vienen juntos desde antes del camión, la soltera acompañada de una zagalica de doce o trece años y por aquí también estoy yo, mi chaqueta de segunda y colilla en la boca, como yo siempre, pero hoy en un sitio que no conocía. Las pocas oliveras y luego, un barranco de piel rojiza que fue sembrando la rambla con los años y los años de echar a perder cosechas. Por aquí es donde apago la colilla para luego y veo como se marchan los que vinieron con nosotros en el camión. Los que llevan los fusiles los acompañan ahora con distinción, no a gritos e incluso les abren las puertas de los coches brillantes de marfil mortuorio y alguno de los que se salva mira con culpa para donde nosotros estamos, yo me fijo en la chica con sombrero que se marcha sin mirarme y entonces sé que en breve estaré muerto. La señora reza en cualquier idioma y los dos zagales le insultan porque aún tienen más miedo, la señora sigue a lo suyo y la soltera le cuenta una milonga a la chavalica que la acompaña, yo me enciendo mi colilla y al subirme las gafas veo los fusiles reunidos y con mala folla, dispuestos los brutos a cumplir la orden que dio el gordo que manda sobre el resto. Pienso en que no sé el nombre de ninguo de los que me acompañan en este sitio que no sé y para qué quiero saber sus nombres, prefiero no saberlo, no creo que nunca llame a ninguno a gritos o le susurre y no tengo tiempo para divagar más, ya vienen con los fusiles. Son unos catorce o quince, nosotros somos pocos, atados a soga y todos juntos como un ovillo de leña lista para la lumbre, son veinte o veinticinco con sus fusiles, no tengo tiempo de contar, se detienen los cincuenta y solo uno grita:

Saludáis el advenimiento inequívoco del Magno Refundamiento del Capitalismo del Bienestar ?

Ante la negativa, ráfagas de tiro de cien fusiles y silbido permanente en el aire.

12 febrero 2008

EL FORASTERO OPTIMISTA


El forastero llegó conduciendo una furgoneta de tercera mano y cuarto embrague. Apostados a un lado y al otro de la calle ancha, observaban rígidos los hombres de la aldea ¿ Éste quién es ?

Pronto se disparó la apuesta sobre su procedencia entre la gente. Unos apuntaron a la nieve, algún pueblucho con fábrica o de una ciudad con quinquis. El forastero negó cualquiera de los lugares señalados.

Allí de donde vengo, nadie vino al mundo de su madre .- acabada la respuesta, el forastero sopló el filtro, cerró el capó de su vehículo y se olisqueó los dedos.

Alguno otro de la aldea, debido a la cercanía física al conductor de la furgoneta, indicó el hedor que desprendía. Vendrá de la mierda pinchada con palote, - vociferó el zagal. Los hombres que quedaban, piedra en mano, se dieron pronto al festín de una buena paliza. Los niños chicos hurgaban en los ojos, las mujeres registraban en la furgoneta y los hombres a por más piedras.

Cuatro docenas, entre ellas varios fósiles, cayeron aquella tarde sobre el forastero, aunque éste, con su habitual optimismo pensó, ya tengo material para mi casa.

Este microrrelato aparece en la antología
LITERATURA COMPRIMIDA 2007 de Villaviciosa, Asturias.

22 septiembre 2007

MI CHIQUILLO EL PANADERO

PUES mi chiquillo trabaja en la línea 6 del autocar de aquí de la ciudad, es buen chofer, pocos hay que tomen las curvas como él, además no es de aquellos que ven venir al viajero y arrancan con mala sombra, él no hace un feo a nadie y hasta se para donde la gente le pide y a algunos ni les cobra si no traen dinero, el solo dice que otro día les cobrará el doble, pero nunca se acuerda, a éste por lo menos ya lo tengo colocado, el que me preocupa es mi pequeño, con lo tarde que es y ahora se tiene que ir a la panadería de la esquina, y aquí estoy, preparándole el bocadillo para cuando den las ocho, que es cuando su jefe le da el descanso, no es mal hombre aunque un poco afeminado, dice la gente que se casó con la sobrina del vecino para que la gente no pensara mal, pero le da trabajo a mi pequeño, que no tiene mala cabeza, aunque es muy vago para coger los libros, no es nada torpe y menos con los números, tiene facilidad para el cálculo, parece un banquero mi chiquillo, mi marido lo quiso meter a eso de gestar el dinero, pero mi pequeño que no se puede poner más de cinco minutos ante los libros, que se duerme, así como lo digo, que hasta ronca una cosa exagerada, mi marido dice que con un poco de estudios ganaría más y sería un hombre de provecho, pero mi pequeño le dice que eso del dinero le da igual, y mi marido, que si ya sabrá lo que vale un peine, que si ya pasarás por mi puerta cuando tú tengas hijos, y mi pequeño, que el dinero no le importa, que si acaso él no vive, y mi marido se enfada y me dice que solo tiene grillos en la cabeza o termina gilipollas o enviciado, entonces le grita, pareces tonto, le chilla, comer no es vivir, de dónde te crees tú que viene lo que te está preparando tu madre, mi pequeño le dice que no es tono, pues lo pareces, no sabes lo que me ha costado esta casa, aún no has terminado de pagarla, le contesta mi pequeño y mi marido le atiza una hostia, no un susto, tan fuerte que a mi pequeño se le pone la cara morada, mi pequeño se cabrea, le mira con rabia y le dice que se meta el dinero donde le quepa, que formas, y mi marido le arrea otra más fuerte, mi pequeño se va para su cuarto y del portazo hasta tiemblan las vigas, mi marido me mira y me dice que este chiquillo es un salvaje y mi pequeño pone la música muy alta, mi marido se enfada aún más y le grita para que la quite, otra vez tiemblan las vigas, le chilla que quite la música y mi pequeño no lo oye y mi marido se enfada más, más que antes todavía, mi pequeño no se entera y mi marido entonces abre la puerta del cuarto y se encuentra a mi pequeño, el pobre, que desgracia, colgado de una sábana.

Incluído en la antología de relatos "SIEMPRE RELATANDO" (Diputación de Badajoz)
*****