
Arderán los ojos si imaginas,
sin esperar que pase lo que tenga que ocurrir,
que el viento moverá antojos de embarazadas,
que el aire volará psicotrópicas amapolas
y los remotos pastos serán el tarimón donde dormir la siesta ...











La noche sucia, oscura y putrefacta. Pordiosera noche huérfana de equinoccio, vandálica noche hechizada y zafia. Fue noche brillante temblando en el filo de una copa. Noche peligrosa que antes fue galguza. Zángana noche chiflada y loca de remate. Tendenciosa, pendenciera, harapienta noche sin chaleco. Noche chula para no ser insólito. Sitios nuevos, para viejos problemas.

La vida era una ruina hasta que llegaste. El subsistir granuja muy lejos de las jaulas, una vida libre y peligrosa. Como estar dormido y jabonosos los sueños. La noche lluviosa y el bosque inhóspito, las linternas inservibles, el fuego inaudito, el cuerpo, a las puertas, de la hipotermia. Una ciudad oscura y nevada, intransitable, donde nunca hubo trueque y los tratos se deshacían sin mediar palabra.


"Cómo olvidar aquella calle llena de niños que no conocían la pereza y lo corrían todo, las puertas de los puticlubs, los parques, los soportales, las dársenas de la vieja estación, todo lo andaban y en todo metían el hocico, no puedo olvidar el afán que tuvieron siempre en saberlo todo, porque aquellos chiquillos fueron nuestros maestros. Tan criaturos y tan sanguinarios. Vaya cosa, inocencia junto a una pequeña navaja. Es un curioso aparejo, la niñez y pegamento de barra".
Fragmento de la novela que tengo entre manos y a todas horas en la cabeza